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Un adolecente toma el teléfono de su madre para robarle el crédito y transferirlo a su propio celular. No podría decirse que por coincidencia revisa los mensajes que su madre ha enviado y recibido, esas cosas no ocurren por vanas casualidades, no se si sea el destino o el mismo subconsciente de remitente o destinatario que tiende a manifestarse, de cualquier modo, la mierda siempre flota y el adolescente le descubre recados sexuales y de amor de un número que no es el de su padre.
Despierto al escuchar a lo lejos la palabra verga que creo que sonó en la televisión. Me pareció muy extraño escucharla a esta hora de la programación y ahora que me pongo a pensar, creo que nunca he escuchado “verga” ni en la más vulgar película de Alfonso Zayas. Conforme mi consciencia regresa del sueño, los sonidos empiezan a clarificarse y me resulta casi imposible que Bob Esponja (Pantalones cuadrados) diga “verga”. No, no viene de la televisión, la cortina de la ventana serpentea y parece gritar improperios y maldiciones con acento de sinaloense prepotente y bravucón, y entran a la habitación junto con el aire que apenas refresca la sofocada tarde. En la casa de atrás alguien eructa su coraje, es tanta su rabia que no cabe dentro de su cuerpo y la grita sin importar que todo el vecindario se entere. Los gritos salen con toda la fuerza de sus pulmones, y yo, recostado en la cama con los brazos detrás de la cabeza, trato de entender alguna razón de la violencia, pero solo escucho verga e hija de puta, pendeja y puta y lo que parecen ser golpes, golpes a uno mismo, el puño que se estrella contra la puerta hueca de madera, contra la pared, el puño que se estrella y se rompe en pedazos, pero el odio es más fuerte que el dolor y no se siente nada más que la necesidad de gritar tu alma lastimada para que todos alrededor se enteren de tu desgracia y se compadezcan por ti.
Uno de los mensajes decía algo como que esta libre de 11 a 3 y que si pasaba a echarse un rapidín. El joven sintió que de repente le hervía la sangre y se le subía a borbotones a la cabeza nublando su entendimiento. Siguió con los demás mensajes y todos eran de contenido similar, los leía automáticamente sin poder entender lo que realmente decían, solo veía palabras que le calaban a la altura de su pecho, en ese lugar donde dicen que se encuentra el alma. Los repasaba una y otra vez negándose a aceptar que su madre engañaba a su papá, que él era un hijo de puta.
Que puta es la ironía, a él y su hermano les gustaba echarle carrilla a su madre de que era amante del carnicero y que por eso siempre le daba los mejores cortes y kilos de a kilo y medio; y nunca imaginó que sus palabras pudieran haber sido ciertas, aunque no se trataba de un prospero carnicero sino de un vil repartidor de agua muerto de hambre. ¿Por qué con él? Piensa, hay miles de personas mejores que mi papá pero no un jodido repartidor de garrafones. Siente ganas de matarlo, pero un dejo de mesura lo lleva a marcarle al teléfono de su hermano y compartirle ese descubrimiento que no puede cargar sobre sus hombros.
El plan es hablarle para que lleve unos garrafones a la casa y ahí partirle la madre con un tubo galvanizado, después ya veremos, dice su hermano.
La mancha en el honor se lava con sangre, con sangre o con el perdón, pero es mejor la venganza. La redención probablemente sea el camino más sabio, el mejor moralmente, el bueno. Pero si quien te ofende es quien cimentó todos tus principios morales, quien durante la mayor parte de tu vida te enseñó lo que estaba bien y lo que estaba mal, que decía que todas las acciones que realizabas en este mundo aquí se quedaban, que todo se paga y que deberías tratar a los demás como a ti mismo, cuando te das cuenta de que todos tus pilares morales están hechos de una pila de mierda, de patrañas, de palabras huecas y todas esas pendejadas que se leen en los libros de metafísica, en la biblia, i-ching(atumadre) o no sé que fregados más. Entonces, durante un breve lapso de conciencia puedes asumirte como el león del karma, para ser la reacción física de esa acción que te tomó por las pelotas. Pero debes actuar rápido, porque a pesar de que la venganza es un plato que se sirve frío, hay que mantener las albóndigas calientes porque de lo contrario terminarás tragándote un caldo rancio e insípido, caduco; sin saber por qué chingados te estas comiendo esa porquería.
El vagabundo caminado por la calle con su ropa sucia de banqueta, su piel llena de costras de mugre y el cabello rastoso, camina despacio como lo haría un panda si los pandas caminaran en dos patas. Es realmente gordo y no sé por qué, se supone que esa gente solo traga lo que encuentra en la basura o Gansitos y Sabritas o algo así; carga equilibrando sobre su cabeza una ridículamente enorme bolsa con sus pertenencias y camina con esos pasos pequeños y monótonos, como un robot de juguete. Conforme me acerco puedo ver sus ojos que son de un color azul zarco y no denotan la ausencia, demencia o locura de la mayoría de los indigentes que deambulan por toda esta ciudad; al pasar junto a el un putazo de olor a mierda llega directo mi cerebro a través de mi nariz.
Necesito volver al psiquiatra, siento que no merezco nada de lo que tengo y ahí ando de pendejo privándome de cosas para auto castigarme. Quisiera dormir, dormir para siempre y escaparme de la realidad como lo hacía cuando estaba en la escuela. El otro día me llegó esa idea como una revelación en medio de una peda y sentí como el tremendo peso de una verdad personal me arrebataba toda mi borrachera, y toda esa festividad etílica se convirtió en una especie de amarga cruda, fue como haber despertado en medio de un carnaval. No me consuela ni siquiera que las Chivas hayan humillado al América. Necesito comprar otro control, pienso que las mujeres son mejores que los hombres y por eso me gustan tanto, me gusta la primavera porque las mujeres, como las la naturaleza, florecen y pocas cosas mejores hay que una vagina turgente como un botón que brota, me gusta también que ellas se vistan con pequeños shorts que casi dejan que se asomen los cachetes de las nalgas y lucir hermosas y alargadas piernas al caminar con tacones de aguja por el paseo Chapultepec, por fin pueden vestir como mujerzuelas sin que nadie diga nada, necesito ponerme a dieta ya que creo que toda esa falta de ambición busca satisfacerse a través del hambre de los sentidos, coger, tragar, cagar.
Me evadía sobre el sofá, acostado sin camisa, con la brisa del ventilador refrescando un cuerpo que ahora me parece amorfo y obsceno, necesito ir al gimnasio, bañado en sudor que hiede a exceso de testosterona, a almizcle, y el pinche calor intenso que quema las calles de Guadalajara y que brota distorsionando la visión, irradiando ondas calientes que agotan y roban tus energías provocándome ese deliciosa somnolencia como un pasón de mota; sumido en mis sueños, a mi nariz llegaban como oleaje de aire fresco, un aroma que encaminaba mis pensamientos inconscientes a mi infancia en Juchipila, a un olor a cerro o a baldío, un aroma a las flores de los árboles de limón o de naranjo y creía que era un sueño y que por eso me gustaría dormir eternamente y dejar un cuerpo joven que apenas ahora comienza su declive. Pero al despertar el olor seguía ahí, era el brote primaveral de una sábila que florecía.
Noche de insomnio, la mortificación de ser un pobre muerto de hambre me robaba el sueño, dejar ir las oportunidades como una manera estúpida de autoflagelarme, de joderme la vida, cambiando constantemente de posición en la cama, yendo de la cama al sofá, del sofá al piso, del piso a la cama, todo por la mortificación de no tener ni 5 pinches para el camión. Desperté en la madrugada y salía a caminar a por las calles todavía desiertas, después de estos últimos días en que el sol no había cedido y tostaba las pieles con la inclemencia de sus rayos, extrañamente hacía frío, soplaba un aire helado que arrastraba nubes del polvo, basura y mierda de la que está hecha esta ciudad, y hasta pude sentir algunas gotas de lluvia que despertaban un aroma a tierra mojada. Se suponía que había un sol naciente detrás de los nubarrones grises que bloqueaban el horizonte y me prometí no volver a pasar por esa situación otra vez, pero en mi vida he prometido muchas cosas que no he cumplido.