Otro nuevo día y ahora nos encontramos
en una nueva ciudad. “¿Qué no tenías dinero ayer?” Pregunto a José “¿Quién dijo
que no tenía dinero?” contesta y espero una explicación sobre por qué no pagó
las cervezas para que las chicas se quedaran, pero no dice nada al respecto y
estoy demasiado crudo para interesarme.
Siempre estamos en busca de chicas y
siempre al ver una bonita hacemos comentarios indecentes y dejamos volar la
imaginación, pero está por demás comprobado que nuestras tácticas para ligar
son muy lentas y poco efectivas, no tenemos la habilidad de actuar con lujuria
aunque nos hiervan las entrañas por dentro, lo nuestro es imaginar y disfrutar
con el pensamiento.
Cuando no hay nada que pensar, me
gusta pensar en Esperanza. En como sonaba su nombre en su boca y arrastraba
ligeramente la lengua al pronunciar la “z”, y recrear los 15 minutos que mi
vida coincidió con la de ella y ese recuerdo me hace sentir tristemente bien.
Así, después de instalarnos en esta ciudad, el día se va en comprar más ron, cenar en la calle e imaginar que nuestra noche tendrá
algo femenino, pero no. Entonces nos dormimos borrachos.
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