lunes, 14 de enero de 2008

Larry Clark - Wassup Rockers

Vi Kids en el incomodísimo cineforo de la Mugre G hace no sé que tantos años, recuerdo que esa fue la primer vez que fumé hashish o jachis o ha-Ash o como vergas se escriba y todavía metimos unas caguamas al cine, lo cual es de lo más incomodo ya que te la pasa yendo al baño, lección que aprendimos años después cuando fuimos a donde era el Cinema Fiesta México (que ahora es un templo de la religión o lo que sea de Pare de Sufrir) con los compañeros de la universidad a ver una porno y nos metimos con unas pachitas de Don Pedro y la cosa estuvo mejor, bueno, de no haber sido por los señores maricones que te acosaban en las entradas del baño.

No supe si la película me había gustado o no hasta mucho tiempo después (sí me gustó), y recuerdo que un amigo me decía que era como si hubieran retratado su vida, jajaja.
Al poco tiempo salió Al Final del Eden, que en México, aprovechándose de la polémica que desató Kids, la vendieron chapuceramente como Kids 2 (jajajajaja, neta), como si fuera una secuela directa de su primera película y pues ahí voy de pendejo a verla. Se trata de una película más convencional que su antecesora (jajajaja), incluyendo en su reparto a figuras de la talla de Jaime Maderas (James Woods) y Melany Grifa (Melanie Griffith), pero al ponerse en igualdad de condiciones con una película convencional, la verdad es que Larry Clark sale muy mal parado, lo de él es el cine guerrero, chafón, sucio y malhechote.

Después vi la película de Gummo, que la promocionaron como “del creador de Kids” y según yo también me gusto, pero por supuesto, también andaba pacheco y ahora no puedo recordar de qué se trata la película. En fin, a lo que voy es que según yo me hice fan de las películas de Larry Clark, pero apenas hace poco tiempo descubrí que la tal Gummo no esta dirigida por Clark, sino por el guionista de Kids, Harmony Korine.

Años después, con la explosión de la piratería ya no tuve que contrabandear alcohol en los cines y conseguir ver Ken Park y Bully en la comodidad de mi casa. Ken Park se me tremendamente aburrida y a mi parecer era más de lo mismo (con la diferencia de que se incluyen escenas de sexo real, pero admitámoslo ¿a quien le excita ver a un pendejo masturbándose? para frijoles en mi casa), pero después entendí que ESA era la onda de este controvertido director y bajo esta perspectiva fue realmente placentero ver Bully (que aquí le pusieron Mentes Perdidas y en mi videoclub está acomodada junto con las películas de terror, jajajajaja), y siendo objetivos tiene una historia más interesante que Ken Park, creo que está mejor contada, además que en Bully sí se utilizan actores (otra de las constantes de su obra es utilizar a gueyes que se encuentra en la calle y ficharlos para sus películas ahorrándose con esto enormes cantidades de dinero)

Los comentarios sobre el trabajo de Clark son casi siempre los mismos, que es un provocador, que retrata de manera cruda y realista la hipocresía de la sociedad norteamericana y la vacuidad, excesos y decadencia de adolescentes sumidos en una voragine de drogadicción, violencia y sexualidad sin limitaciones, de una manera fría y sin pretensiones moralistas (ni estilísticas) y pues sí, sí es cierto, todas sus películas se tratan de lo mismo y son muy similares en cuanto a la forma en la que están hechas con un tono como documental.

El fin de semana anterior vi Wassup Rockers y vaya sorpresa me llevé. Pensaba que me encontraría con otra película más de adolescentes drogadictos, valeverguistas y sexualmente promiscuos, pero me topé con una cosa muy diferente. Si bien la factura de la cinta conserva el mismo estilo que sus trabajos anteriores (conveniente utilizado el formato digital), la propuesta varía al no mostrar a ningún personaje consumiendo drogas (creo que lo más que sale es a los skatos caguameando) y tampoco recuerdo haber visto alguna chiche por no mencionas los pelos; en cambio me encontré con una película igual de malhecha pero bastante relajada y divertida.
Wassup Rockers narra la historia de un grupo de skatos guatemaltecos, mexicanos y salvadoreños a los que les gusta el punk-hardcore y ehh… las patinetas, quienes hartos de la discriminación que viven con las pandillas de la colonia, un día se van a patinar a Beverly Hills y conocen a unas morras fresitas que los invitan a coger a su casa y todas las peripecias y aventuras que viven en su odisea por regresar a su colonia, todo esto aderezado con dosis de humor (un tanto absurdo cabe mencionar) y violencia características de Larry Clark.
LOS RAMONES MEXICANOS



Epilogo: Larry Clark tiene otra película que no he visto llamada El regreso a las cavernas, la cual, según la siguiente reseña, suena bastante bien:


Larry Clark nunca defrauda mis expectativas. Sus películas sólo prometen una cosa: adolescentes decadentes sumidos en el vicio del sexo, las drogas y la violencia. El regreso a las cavernas, aunque con un desconcertante cambio de registro inicial, no es la excepción.

La película nos transporta a un futuro post-apocalíptico dónde sólo unas cuantas decenas de humanos han conseguido sobrevivir a la destrucción de la civilización tal como la conocemos. Viven en sucias cavernas, vestidos con andrajos, exactamente igual que hombres primitivos. El jefe de la tribu es un hipócrita adulto represor, que tiene a todos los jóvenes del clan hasta los huevetes. Por eso un día deciden sublevarse y escapar a las ruinas de la vieja ciudad, en busca de una mejor vida. Es en este momento, es cuando el bueno de Larry nos sorprende con un magistral salto lógico-narrativo-espacio-temporal. Una especie de tormenta infernal coge por sorpresa a los chavales, y repentinamente aparecen en un apartamento de lujo ultramoderno, vestidos con ropas actuales. Mágicamente el film se convierte en un Larry Clark de pura cepa. Los chicos en este nuevo contexto se desnudarán, follarán y se drogarán sin parar. Todo por invitación de los extraños anfitriones del apartamento, una pareja de humanos mutantes inmortales que no sabemos porqué siguen disfrutando de todas las comodidades del viejo mundo.

A partir de aquí la película seguirá sufriendo imprevisibles transformaciones, pasando de ser una peli de jóvenes viciosos a una peli de ciencia ficción con toques gore, monstruos, metamorfosis, humor negro, superpoderes y enfermedades venéreas. Todo a la vez.

Sin duda el Larry Clark más bizarro e infravalorado (En la IMDB no llega ni al 4).

jueves, 10 de enero de 2008

Enigmatica



Supongo que esa es la palabra que estabas buscando y que nomás no se atrevía a salir a pesar de que se encontraba en la punta de la lengua, al borde de los pensamientos, a punto de caer en las palabras. Pero no estoy seguro, te conozco tanto que para mí casi todos tus secretos han sido develados o al menos eso creo, es algo que tal vez nunca pueda saber.

Cuando yo te conocí no me pareciste enigmática, al contrario, fue como si te conociera desde siempre, o mejor dicho como si algún día te hubiera soñado.

De cualquier manera me rehúso a pensar que a una persona se le puede definir con una sola palabra y más aún cuando se adquiere la certeza de la complejidad de las personas una vez que comienzan a caer los enigmas.

martes, 8 de enero de 2008

Siento


Estoy aquí en esta discoteca donde se organiza la reunión de generación del colegio. Sabes muy bien que siempre detesté, y aun ahora lo hago, éste tipo de lugares. A duras penas recuerdo los nombres de los compañeros de clase. Sabes muy que sólo estoy aquí por ti.

Te ves alegre, los años te han caído bien, te ves llena de vida, completa, distinta, como si fueras otra persona, y yo siguiera siendo el mismo chico que no podía hacer otra cosa que mirarte cuando estabas a mi lado; pero tus ojos están en otra parte, lejos de los míos que buscan tu atención.

Espero ansiosamente que el Dj ponga nuestra canción para sacarte a bailar y mandes al diablo al pendejo con el que estás. Me doy cuenta que te amo de a de veras, que siempre te he amado.

Sin embargo no me ves, estás aturdida entre el humo artificial que sale a un costado de la pista y se confunde con la niebla de mis recuerdos y nuestra historia se derrumba otra vez cuando te veo besar a ese pinche puto.

Me siento fatal, sólo puedo agarrarme al recuerdo de que ayer me quisiste.

Recuerdo cuando ibas a mi casa a escuchar mis discos viejos. Yo tirado en la alfombra mientras ojeabas distraída los libritos de los discos, Caifanes, Santa Sabina, Café Tacuba, Jumbo. Tu imagen se reflejaba en la televisión prendida sin volumen que sintonizaba el MTV Latino. El video de “Smell Like Teen Spirit” sonaba puntualmente cada hora y recuerdo a una porrista con los senos excitados que meneaba sus pompones y me emocionaba imaginar sus senos a través de la blusa negra y me gustaba pensar que esa chica eras tú.

Me acuerdo cuando me tomaste de la mano y sentía tu calor y la humedad de tu palma. Te acostaste a mi lado y me abrazaste recargando tu cabeza sobre mi pecho, y de la computadora se escuchaba una canción que recuerdo claramente que decía: Siento que me quieres hoy, creo que mañana ya no, quiero que me quieras hoy, quiero que mañana sea igual que hoy. Pero te levantaste y te fuiste.

Regresaste otra vez al cuarto ¡vientos! Miré los hoyitos que se hacen en tus mejillas y me perdí en la claridad de tus ojos verdes como uvas desgajadas de su cáscara y de repente tus labios estaban justo encima de los míos y me dejaste sin hablar.

Un beso real. No era como cada vez que nos despedíamos y podía sentir el ligero roce de tus labios que hacían aquellos días realmente especiales y convertían la despedida en el momento más esperado cada vez que estabas a mi lado.

Nunca pensé en lo que sucedería mañana, después de esa vez que nos besamos confusamente, compartiendo nuestra saliva que convirtió todo lo que estaba a nuestro alrededor en un mundo de ensueño, de recuerdos, solamente de imágenes donde podía sentir la carne tibia de tu boca con la mía. El futuro no importaba porque el tiempo y el espacio se congelaron para siempre en ese instante, como una fotografía de nosotros dos tirados sobre esa alfombra azul como el cielo antes de anochecer.

Quise decirte que te amaba y que sabía que tú me amabas también, pedirte que te quedaras junto a mí, por siempre con mis ojos en tus ojos, pero no lo dije, hasta ahora.

Al menos están poniendo la música que se escuchaba en nuestros tiempos. Estoy seguro que en cualquier momento van a poner nuestra canción.

Tengo que ir a saludarte, si me voy de aquí sin que al menos me veas, no me lo voy a perdonar nunca.

Ahí estás, Siento que me quieres hoy suena en las bocinas. Voy a hacerlo, esa es la señal que estaba esperando, el momento en el que el pasado alcanza al presente. Voy a sacarte a bailar aunque el puto con el que estas se encabrone. No creo que te niegues, no después de todo lo que pasamos juntos y cuando me veas, todos esos recuerdos volverán y nunca te voy a dejar ir.

— Baila conmigo por… —Por los viejos tiempos, pensé decirle— …por favor.

Claro. Oye ¿Tú también estabas en la escuela?

Me doy la vuelta y camino a la salida sin mirar a nadie, ni siquiera a los excompañeros que intentan saludarme, no quiero que me vean llorar. Mi alma está destrozada, me duele, quisiera morir ahora mismo, no es posible que no me recuerdes, me siento como si fuera un fantasma, no es posible que no te acuerdes de mí.

Un par de manos me tapan los ojos y me impiden ver quién detiene mi camino.

Me volteo lentamente y las manos bajan a mis hombros. ¡Eres tú! No sé como diablos pude confundirte con otra.



Entrañas


Te cogí toda la noche

bueno, no toda la noche porque cuando desperté por la mañana la erección matutina no fue tan dolorosa ni me ardía la verga

sino que te la metí varías veces a lo largo de las sombras

y una de ellas fue por el culo

Tu joven cuerpo brillaba bañado en una capa de aceitoso sudor que se sentía frío al contacto de mi piel

contrastando con el fuego que te quemaba las entrañas

que pude sentir a través de mi verga, por tu cola, por tu boca, por tu ano

intoxicándome con tu esencia y el dulzón olor a sexo que inundaba todo el lugar

se metía por mis narices como un putazo

como un hornazo de mota

enervaba mi mente rompiendo mis conexiones mentales

solo podía pensar en tus escandalosos gemidos

en tus obscenos labios babeantes

hinchados en sangre

y en esa maldita mirada tuya que siempre mira a través de mí hacia quien sabe dónde chingados

y me permite darme cuenta que te tengo al borde

pero a pesar de todo ese sexo sucio y maloliente

nunca voy a poder poseerte

y eso lo sabes

y sabes que yo lo sé

y te causa un placer

que te lleva y te trae de esos interminables orgasmos

como si cada uno fuera una pinche carcajada que se burla de mi

como la inútil y eterna marejada marina

por eso tus pinches ojos a medio cerrar que me atraviesan dejando heridas y llagas a su paso

y no importa cuanto haga

que tan duro y profundo te la meta

tú siempre estas más allá de mí

en otro lugar

tus límites son más amplios.

viernes, 4 de enero de 2008

No tengo propósitos en la vida y siento que vivo de oquis


Puta madre, apenas me esta cayendo la depresión navideña. Esta temporada la había pasado muy bien en una autoasumida etapa hedonista, ya sabes, tomar, comer, fumar, comprar, coger en exceso sin que nada de eso me diera remordimiento y de no ser por los regalos, la navidad me hubiera pasado sin haberme dado cuenta.

Eso esta bien, mucho mejor que estar azotándose. Sin embargo, no se por que, desde adolescente me entró una onda medio oscura y depresiva que aun no he podido superar y se agudiza en fechas como Navidad, mi cumpleaños y el día de San Valentín, y yo pensé que esta temporada había pasado sin novedades, pero malditas mañas de amargarse la vida. Ahora me siento solo y triste y sin ganas de ver a nadie. Dicen que el amor lo cura todo, así que supongo que por eso tengo tantas ganas de coger.

Ni siquiera era fin de año, creo que fue una noche antes

Fin de año

hasta las cejas de mota y alcohol

sentado en la arena frente al mar cantando guoajaca

escupo un espeso gargajo de baba y me limpio con la manga de mi sudadera

Contemplo el cielo

y una línea bien tupida de estrellas lo salpica

algo dentro de mi pecho se expande

siento como si estuviera frente a un momento muy importante

el mar no deja de rugir y largas líneas de espuma recorren las aguas hacia mi

unos flashes me traen de regreso a la arena mojada por mi propio vomito donde estoy sentado.

Entonces veo tu cara detrás de la cámara mientras ríes y corres de regreso a donde los demás están en una fogata y a lo lejos se escuchan tus risas y el coro eterno de los Beach Boys cantando God only knows what I'd be without you, God only knows…

Y otra vez estoy solo ante esta inmensidad con una pregunta que no se atreve a salir de tu pecho.

Tengo ganas de llorar pero no hay nada ahí dentro, solo esa estúpida pregunta

¿Qué quieres hacer de tu vida?

Vivir, ser feliz

Escribir

domingo, 23 de diciembre de 2007

UN CUENTO DE NAVIDAD

El periódico publicó una nota acerca de una muchacha de trece años que acababa de perder a sus padres, unos drogadictos que murieron de una sobredosis, pero que habían dejado una fortuna considerable a su hijita adolescente. A un lado del texto venía la foto de la niña, una jovencita pródigamente desarrollada para su edad, poseedora de una sensualidad natural, se podría decir que involuntaria, innata. Esa imagen acaparó mi atención inmediatamente, estaba como hipnotizado por su candor, su inocencia.
El periódico decía que su mayor ilusión era poder ver algún día a Santa Clos en su casa. La niña se encontraba sola bajo la supervisión de los vecinos y el motivo de la nota era para tratar de localizar a algún familiar para que fuera a Cd. Acuña y se hiciera cargo de ella, o de lo contrario la internarían en alguna institución pública.
Así que no lo pensé dos veces y tomé el primer autobús a Cd. Acuña, tenía que estar ahí antes que cualquier familiar; no sin antes alquilar un traje rojo del anciano gringo panzón.
Me confieso. No soy una buena persona, no pensaba hacer una caridad o llenar de alegría el corazón de una pobre niñita huérfana cumpliendo su más anhelado deseo. Desde que vi su foto, no la podía sacar de mi mente y un deseo compulsivo me orilló a realizar el viaje. A lo mejor pensarán que soy un depravado sexual, pero estaba poseído por un impulso más fuerte que cualquier prejuicio moral, más fuerte que cualquier razón. Además, el dinero que acababa de heredar era una suma por la que realmente valía la pena todo eso.
Llegué a Cd Acuña, un pueblo polvoriento al borde del país, en la frontera con Estados Unidos. Después de preguntarles a varias personas sobre la muchacha, mostrándoles el recorte del artículo y diciendo que yo era el tío de la pequeña, conseguí fácilmente la dirección. La noticia fue muy popular y no tuve mucho problema, me enteré que vivía en las afueras de la ciudad en una casa al lado de la carretera.
Compré un perrito en una tienda de mascotas. Se supone que si yo era Santa Clos, tenía que llegar al menos con algún regalo y qué mejor que un pequeño cachorro, no existe niña que se resista a un animalito de esos. Tomé un taxi y le dije al chofer que me llevara a la dirección que le di en un papel. Dentro del taxi me puse el disfraz rojo y el gorro, no consideré necesaria la barba y la peluca, porque si quería acercarme a la niña no iba a conseguirlo con la apariencia de un viejo decrépito, sino con mi propio rostro. La verdad, creo que soy un tipo bastante atractivo.
Llegué por fin al domicilio. Era una casa blanca de dos pisos de apariencia fría, no parecía de personas ricas, era más bien una típica casa clasemediera. En el segundo piso había una terraza en donde supongo que los padres se sentaban en las tardes a ver pasar los interminables convoys de camiones que llevan y traen cosas del otro lado, mientras se sumergían en sueños alterados químicamente.
Metí al perrito dentro de un pequeño saco y toqué el timbre. Nadie contestó, era temprano todavía, las 5:00 de la tarde aproximadamente, aún no oscurecía y tal vez la niña se encontraba en casa de sus vecinos. Toqué insistentemente hasta que por fin escuché unos débiles pasos que bajaban del segundo piso.
— ¿Quién es? —oí decir de adentro. Era una voz dulce pero adormilada.
— ¡Jo jo jo jo jo! Soy yo, Santa Clos —dije conteniendo la risa y entonces la puerta se abrió.
— Pasa por favor. En un momento estoy contigo —contestó la niña sin asombro alguno.
Entré en la casa y comencé a examinarla. A un lado de la puerta de entrada se encontraba la sala de estar y al lado derecho de un pasillo que llevaba a un elegante comedor con una mesa de madera al centro se encontraba la cocina. Una alfombra roja cubría todo el piso hasta donde se podía ver. La casa tenía un cierto olor a leche agria.
Recorrí con la vista el piso alfombrado hasta que me topé con unos bellos y pequeños pies desnudos. Conforme levanté la mirada, mi pene comenzaba a palpitar; podía ver unos tobillos delgados y unas bien torneadas y largas piernas para una chamaca de trece años, eran algo delgadas, pero de proporción exacta para una adolescente. Llevaba una playera de “Hello Kittie” que permitía distinguir la punta de los pezones de aquellos pequeños senos en desarrollo. Yo estaba muy caliente para ese entonces, pensé tomarla en mis manos y hacerla mía por la fuerza, pero me quedé paralizado al ver su cara infantil y femenina al mismo tiempo. Sus labios eran gruesos y carnosos y tenía una discreta sonrisa que asomaba un par de dientes, en las mejillas tenía algo así como pecas o espinillas de pubertad que lejos estaban de ser desagradables, al contrario, me prendían. De su cabeza caía una larga cabellera negra ondulada que resaltaba el contorno de su cara. Pero lo que realmente me sometió fueron sus ojos negros acuosos que me miraban profundamente, lujuriosos y tiernos al mismo tiempo. Ahora estaba seguro de que había hecho lo correcto.
— Acompáñame arriba, me voy a cambiar —me dijo con esa dulce voz de sirena que embruja y guía a los arrecifes.
Subió rápidamente las escaleras, y cuando se fue de mi vista me sentí confundido, la niña no había tenido la reacción que yo imaginaba. Al contrario, era como si me hubiera esperado con anticipación.
Subí las escaleras y había unos sofás y un mueble con una televisión encendida. El aparato sintonizaba un canal porno, pero no había volumen. La niña se quitó rápidamente los calzones y apenas alcancé ver su vientre cubierto de incipientes vellos. Arrojó los calzones sin importarle dónde cayeran para después meterse a un cuarto. Yo estaba aturdido, no sabía que hacer, lo único que se me ocurrió en ese momento fue voltear a ver la prenda íntima que yacía sobre la alfombra roja. Era una prenda muy provocativa, una tanga de encaje blanco, semitransparente, seguramente puesta permitía ver más de lo que cubría. Mi vista volvió hacia la televisión. Una hermosa mujer le hacía sexo oral a un enano. El enano era feo y parecía que tenía la cara deforme, sin embargo la muchacha se la mamaba con gran fervor y entonces su mirada se posó en mis ojos mientras seguía haciendo la felación, me miraba fijamente desde la televisión. Parecía que poseída por el demonio, su lengua lamía todo lo que podía sin dejar un solo momento de verme. No estaba muy seguro de continuar con mi plan, estaba asustado, todo era muy raro, una especie de locura invadía la casa y ahora yo era parte de todo eso.
La niña salió, vestía un diminuto short de tela y una blusa brillante con el numero 36 y sin más calzado que unos calcetines.
— ¿Te gusta? —preguntó.
— Es realmente asqueroso —contesté refiriéndome a la película de la televisión.
— No tonto —dijo riendo— me refiero a como estoy vestida.
— ¡Ahh si! Te ves muy bien. Y como has sido una muy buena niña, te tengo éste regalo— saqué al cachorrito del saco y se lo di.
—Muchas gracias —dijo inexpresivamente. Tomó al animal y lo puso en el piso; el perrito no se levantó, parecía dormido, como muerto— ¿Quieres agua?
Dije que sí y bajamos a la cocina.
Ella tomaba del vaso donde sirvió el agua que era para mí y un incómodo silencio se extendía en el lugar. Pensé que tal vez yo no era del todo de su agrado, pero reflexioné, no hacía una semana que acababa de perder a sus padres y tal vez esa era la razón de su inercia.
— Cuando llegué, pensé que estarías en casa de tus amigas— le dije para romper el silencio.
— No, no puedo verlas ahorita, están castigadas. Pero ¿sabes qué? Tengo un plan para verlas. Mis amigas y yo tenemos pensado matar a todas esas viejas brujas de sus madres, para que así no las vuelvan a castigar nunca jamás. Hemos pensado quemarlas, pero yo creo que el fuego puede llamar mucho la atención ¿verdad? —me decía con una malicia casi diabólica en sus ojos.
Todo estaba mal, se suponía que el malo de la historia era yo, el que pretendía abusar de una niña y robarle su dinero, pero ahora resultaba que la niña era perversa. Llegué a la conclusión de que era muy probable que la muchacha tuviera problemas psicológicos y que no pensaba bien lo que decía; un golpe emocional de la magnitud del deceso de sus padres no era cualquier cosa, además de que sus muertes habían ocurrido en esa misma casa, y la soledad en la que se encontraba la chiquilla, esperando que llegaran sus padrinos para hacerse cargo de ella, seguramente influía de manera determinante en sus facultades mentales.
No sabía qué decir, las palabras no salían de mi boca, quería largarme de ese lugar y tirar a la basura mis estúpidas fantasías sexuales. Le pregunté:
— ¿Estas tomando calmantes, antidepresivos o algo así? Porque creo que llevabas todo el día dormida.
— No, lo que pasa es que soy muy floja.
Me senté en una silla, y de una puerta que daba al patio entró un enorme gato gris, de angora. La niña sacó de la alacena un tazón de cristal y le sirvió de un costal una especie de croquetas, después vació medio galón de leche que cuando hizo contacto con las croquetas, se tornó de un color violeta luminoso. El gato se acercó y comenzó a devorarlas, toda su cara estaba manchada de violeta brillante y sus enormes ojos verdes no dejaban de mirarme mientras tragaba su alimento. Me recordó a la puta de la televisión y comencé a sentir pánico, pero en ese justo momento, la niña se sentó sobre mí, de frente, con sus piernas abiertas a cada uno de mis lados, buscando que su sexo hiciera contacto con el mío a través de la delgada tela de sus shorts. Me besaba pasionalmente en la cara, su lengua recorría mis orejas y me hacía sentir un escalofrío que provocó una potente erección. Podía sentir como se le humedecía la entrepierna y se mojaba su short, se comenzó a frotar contra mí, mis manos agarraban sus nalgas urgentemente y mi boca buscaba besarla, pero cuando lo intentaba me esquivaba, sin embargo me invitaba de manera lujuriosa con su lengua a probarla; intentaba besarla de nuevo y se quitaba para seguir humedeciendo sus labios y después seguir explorando mis orejas con su lengua; restregaba sus senos contra mi pecho, sin parar de mover sus caderas sobre las mías y me miraba con esos ojos lascivos, llenos de fuego, con una mirada completamente enloquecida.
Buscaba besarla, era necesario, era lo único que importaba en la vida, pero ella me negaba, sólo abría la boca y movía la lengua al ritmo de sus caderas. Su olor era especial, como el de un bebé. Ella tenía ese olor que desespera, que te hace sentir ganas de apretar hasta la asfixia, estrujar, azotar contra una pared, que sé yo. Comencé a perder la paciencia, por más que buscaba sus labios, siempre encontraba una forma de esconderse de mí. Aquello era desquiciante, estaba trastornado, ya no disfrutaba de sus caricias, de sus movimientos, del tacto de sus senos y sus nalgas, ya que prácticamente tenía todo el short metido dentro de ellas, no podía pensar en otra cosa más que su boca que me negaba.
Mi desesperación fue tal que en un ataque de rabia, agarré un cuchillo que había en la barra y le hice una larga herida en la espalda. Ella gritó del dolor y se separó rápidamente, y fue en ese momento que pude ver que en su mano traía un enorme cuchillo cebollero que pensaba clavarme de no haber hecho lo que hice.
— ¡ Eres un estúpido! —gritó furiosa después de tocarse la espalda y ver su mano manchada de sangre. Agarré una silla y se la aventé para después salir corriendo a la carretera.
Ella estaba en la terraza del segundo piso disparándome con una pistola automática, enfurecida. Para mi buena suerte su puntería era pésima y lo único que hice fue gritar a todo pulmón, con todas mis fuerzas.
—¡JO, JO, JO, JO, JO Felíz Navidad, hija de la chingada! —Mientras corría por la carretera rumbo a mi casa.